Lo he intentado. De todas las formas posibles, poniéndole el pecho, buena cara, comprando dosis extras de optimismo en la farmacia abierta las veinticuatro horas del día de la tierra de los sueños. Pero todo es en vano. Otra vez voy a hablar del facebook, quien sigue vagamente este blog sabe de mi amor- odio hacia esa red social cada vez mas egocéntrica y aburrida.
Resulta que, a modo personal, cansado de buscar en el face una pagina X, sobre un autor X, en donde pudiera leer en mis ratos de ocio sus cuentos, me encontré con la ridícula realidad de que en español no había, algo bochornoso siendo el idioma español uno de los mas populares, por lo menos para mi porque es el que uso desde que nací. Cierto es que el autor X que yo buscaba es ingles, para mas datos del país donde irónicamente tienen la estatua de la libertad y en donde cada vez hay menos libertades. Entonces, violando todo derecho de autor ( a el no le importara, ya esta muerto) y copiando y pegando textos de El que SI había dentro de la red en castellano, decidí hacerle su pagina homenaje en el facebook y en castellano, como siempre debería haber estado. Y tuvo su moderada aceptación ese descarado hurto, que en realidad es poner al alcance de quien quiera de un modo fácil y rápido la obra de este genial escritor y divulgarlo un poquito mas, aunque no precise mi ayuda ni la de nadie. Quizás añorando mis días en los cuales siempre digitalizaba mis pensamientos acá ( blog, primer y único amor al final) y creyendo que un grupo literario seria mas o menos parecido a mi experiencia con la pagina de ese autor, me sumergí en busca de grupos en el face en donde se despuntara el vicio de la palabra de gente no famosa con el coraje suficiente para mostrar su lado artístico al mundo. Si todavía no lo intentaron y después de leer esto les da ganas de ustedes también experimentar, háganme caso y desistan, les ahorro tiempo que indefectiblemente perderán ahí dentro, úsenlo de alguna otra forma provechosa, cultivando tomates o buscando ovnis desde sus ventanas en madrugadas de insomnio.
Meterse en un grupo de lo que sea en el facebook tiene la intención, supuestamente, de que encontraras almas afines al tema del cual te interesas eh intentas investigar, expandir o simplemente desarrollar con otras personas. Bueno, así debería funcionar en la teoría, pero hasta ahora solo encontré grupos que se pasan ese razonamiento bien por las bolas y en donde gobierna la anarquía.
Si te metes, por ejemplo, en un grupo que se llama " concursos literarios por email" allí deberían estar los avisos de esa categoría, concursos literarios que solo aceptan trabajos enviados por email, uno mas uno es dos. Bueno, pero en el que me metí yo uno mas uno no es dos, sino otra cosa, en donde la mayoría de las propuestas no solo no reciben trabajos por email, sino que ademas debes vivir en España y enviarles por correo las hojas impresas y , hasta algunos inclusive, te piden algunos euros simplemente por participar. Y si desestimas a la madre patria y a sus ciudadanos que no entienden eso de que-si-el-grupo-es-para-presentar-trabajos-por-correo-electrónico deben anunciar solo ese tipo de cosas, puedes prestarle atención al resto del mundo que también publica allí, la mayoría de las veces dando el aviso de algún concurso un par de semanas después de que la recepción acabo. Y si de milagro alguien pone correctamente con las reglas imperantes en tiempo y forma un aviso, generalmente es de poesía, o inmediatamente después de anunciado salen a comentar el par de rencorosos que siempre habitan en lo mas oscuro de las redes sociales, diciendo que el certamen es falso, que el tipo que recibe los trabajos solo quiere quedarse con tu cuento, tu idea, tu arte, tu gloria y tu fama, llegado el caso de que le mandaras algo realmente bueno y tu, nobel y tímido, no lo supieras aprovechar mejor que el estafador que genera esos concursos.
A esas alturas te agarra el miedo, ya no quieres estar mas en ese grupo o de ultima quieres cambiarte el nombre para pasar lo mas desapercibido posible, te agarra la paranoia y vuelves a escribir a mano con lapicera y sobre papel para que nada ni nadie te quite tus ideas tan preciadas y tan vulnerables dentro del internet, que de repente se te asemeja a la caja de Pandora, con todos los males del mundo a un clik de abrirse y acabar con tu normal y pobre vida de tipo simple, al que solo le gusta ejercitar la mente escribiendo. Y si cuentas hasta diez, respiras profundo y te dices que si no mandas nada a ninguna parte estas a salvo, y te quedas en el grupo, leyendo descubres el porque de tanta regla infringida, de tanta arbitrariedad en un lugar con reglas claras y simples: Simplemente pasa porque la gente no lee las reglas, o las lee eh inmediatamente las olvida, las desecha, las desestima o como buen pájaro enjaulado picotea los barrotes queriendo escapar. Las reglas no es que estén hechas para romperse; El hombre no acepta sentirse prisionero dentro de ellas.
En todos los lugares por donde metí mi nariz pasa lo mismo. Cosas fuera de lugar, caducas, temores nefastos hacia quien genera la propuesta y por supuesto las delicias de las redes sociales, las discusiones y peleas por idioteces, en donde 30 personas descalifican a uno que simplemente se harto de que el grupo no fuera lo que dijera ser y con todas las letras los mandara a la mierda. Y yo me pregunto entonces quien es el que esta mal, la manada que sigue estando en un lugar erróneo y no les importa nada o el tipo que realmente quería algo, tenia un objetivo y se sintió estafado y defraudado por la total carencia de una propuesta seria que nunca encontró en ese lugar.
Yo también me harte como varios de esos verdaderos héroes que dejaron su huella al abandonar esas mini comunidades totalmente estériles, dando un portazo virtual no sin antes dejar un retrato hablado de la sarta de idiotas que seguían en ese grupo atrapados cuan agujero negro por la inercia, supongo que mental en la mayoría de los casos. Yo no mande a la mierda a nadie, simplemente me fui, y me sigo yendo cuando entro a algún grupo supuestamente de literatura, y solo encuentro viejecitas adorables, confesadas y salidas de misa que dejaron el tejido crochet de lado y les dio por enhebrar palabras envueltas en algún sentimiento tan espirituoso que terminan creyendo que hacen poesía.
Yo solo busco, sin fines de lucro, sin un motivo personal mas que el deleite de la lectura, una pagina o grupo en donde cada uno cuelgue un relato o un cuento, de ser posible de ciencia ficción, policial, de misterio, para el amor esta collin tellado y para la poesía esta Neruda, que tanto joder.
Capaz que estoy meando afuera del tarro, que le pido demasiado al facebook, donde ya no hay lugar para otra cosa que no sean cartelitos chistosos, selfies, y estados que no le importan a nadie.
Si alguno sabe de lo que busco que me chifle, cualquiera puede comentar acá.... O quizás lo que yo busco siempre ha sido este lugar, personal, cálido, cada vez con menos gente porque no existe la inmediatez del "me gusta" , en donde el peso mismo es el argumento de las palabras y no el cartelito con la foto chistosa.
Cada día te quiero mas, viejo y querido blog, por favor no cambies ni te mueras, por lo menos no antes que lo haga yo...
"La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse". (Jean Jacques Rousseau)
Datos personales
- mundocolito
- bahia blanca, buenos aires, Argentina
- cuando escribo decente soy humano, cuando puteo soy argentino.
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viernes, 10 de abril de 2015
domingo, 3 de agosto de 2014
BRUJA - texto completo . Julio Cortazar
Deja caer las agujas
sobre el regazo. La mecedora se mueve imperceptiblemente. Paula tiene una de
esas extrañas impresiones que la acometen de tiempo en tiempo; la necesidad
imperiosa de aprehender todo lo que sus sentidos puedan alcanzar en el
instante. Trata de ordenar sus inmediatas intuiciones, identificarlas y
hacerlas conocimiento: movimiento de la mecedora, dolor en el pie izquierdo,
picazón en la raíz del cabello, gusto a canela, canto del canario flauta, luz
violeta en la ventana, sombras moradas a ambos lados de la pieza, olor a viejo,
a lana, a paquetes de cartas. Apenas ha concluido el análisis cuando la invade
una violenta infelicidad, una opresión física como un bolo histérico que le
sube a las fauces y le impulsa a correr, a marcharse, a cambiar de vida; cosas
a las que una profunda inspiración, cerrar dos segundos los ojos y llamarse a
sí misma estúpida bastan para anular fácilmente.
La juventud de Paula ha sido triste y silenciosa, como ocurre en los pueblos a toda muchacha que prefiera la lectura a los paseos por la plaza, desdeñe pretendientes regulares y se someta al espacio de una casa como suficiente dimensión de vida. Por eso, al apartar ahora los claros ojos del tejido —un pull-over gris simplísimo—, se acentúa en su rostro la sombría conformidad del que alcanza la paz a través de moderado razonamiento y no con el alegre desorden de una existencia total. Es una muchacha triste, buena, sola. Tiene veinticinco años, terrores nocturnos, algo de melancolía. Toca Schumann en el piano y a veces Mendelssohn; no canta nunca pero su madre, muerta ya, recordaba antaño haberla oído silbar quedamente cuando tenía quince años, por las tardes.
—Sea como sea —pronuncia Paula—, me gustaría tener aquí unos bombones.
Sonríe ante la fácil y ventajosa sustitución de anhelos; su horrible ansiedad de fuga se ha resumido en un modesto capricho. Pero deja de sonreír como si le arrancaran la risa de la boca: el recuerdo de la mosca se asocia a su deseo, le trae un inquieto temblor a las manos vacantes.
Paula tiene diez años. La lámpara del comedor siembra de rojos destellos su nuca y la corta melena. Por sobre ella —que los siente altísimos, lejanos, imposibles—, sus padres y el viejo tío discuten cuestiones incomprensibles. La negrita sirvienta ha puesto frente a Paula el inapelable plato de sopa. Es preciso comer, antes que la frente de la madre se pliegue con sorprendido disgusto, antes que el padre, a su izquierda, diga: «Paula», y deposite en esa simple nominación una velada suerte de amenazas.
Comer la sopa. No tomarla: comerla. Es espesa, de tibia sémola; ella odia la pasta blanquecina y húmeda. Piensa que si la casualidad trajera una mosca a precipitarse en la inmensa ciénaga amarilla del plato, le permitirían suprimirlo, la salvarían del abominable ritual. Una mosca que cayera en su plato. Nada más que una pequeña, mísera mosca opalina.
Intensamente tiene los ojos puestos en la sopa. Piensa en una mosca, la desea, la espera.
Y entonces la mosca surge en el exacto centro de la sémola. Viscosa y lamentable, arrastrándose unos milímetros antes de sucumbir quemada.
Se llevan el plato y Paula está a salvo. Pero ella jamás confesará la verdad; jamás dirá que no ha visto caer la mosca en la sémola. La ha visto aparecer, que es distinto.
Todavía estremecida por el recuerdo, Paula se pregunta la razón de no haber insistido, alcanzado la seguridad de lo que sospecha. Tiene miedo: ésa es la respuesta. Toda su vida ha tenido miedo. Nadie cree en las brujas, pero si descubren una la matan. Paula ha guardado en el vasto cofre de sus muchos silencios una íntima seguridad; algo le dice que ella puede. Ha dejado irse la infancia entre balbuceos y esperanzas; está viendo pasar su juventud como una tristísima diadema suspendida en el aire por manos vacilantes, deshojándose despacio. Su vida es así; tiene miedo, quisiera comer bombones. Los pull-overs y las mañanitas se amontonan en los armarios; también los manteles finamente diseñados con motivos de Puvis de Chavannes. No ha querido adaptarse al pueblo; Raúl, Atilio González, el pálido René, son testigos de antaño; la quisieron, la buscaron, ella les sonrió al rechazarlos. Los temía como a sí misma.
—Sea como sea, me gustaría tener aquí unos bombones.
Está sola en la casa. El viejo tío juega al billar en el Tokio. Empieza Paula a sentir la tentación, por primera vez intensa hasta darle náuseas. Por qué no, por qué no. Afirma preguntando, pregunta al afirmar. Es ya algo fatal, hay que hacerlo. Y como aquella vez, concentra su deseo en los ojos, proyecta la mirada sobre la mesa baja puesta al lado de la mecedora, toda ella se lanza tras su mirada hasta sentir de sí misma como un vacío, un gran molde hueco que antes ocupara, una evasión total que la desgaja de su ser, la proyecta en voluntad...
Y ve surgir poco a poco la materialización de su deseo. Finas láminas rosadas, reflejos tenues de papel de plata con listas azules y rojas; brillo de mentas, de nueces pulimentadas; oscura concreción del chocolate perfumado. Todo ello transparente, diáfano; el sol que alcanza el borde de la mesa percute en la creciente masa, la llena de translúcidas penetraciones; pero Paula fija todavía más la voluntad en su obra e irrumpe al fin la opacidad triunfante de la materia lograda. El sol es rechazado en cada pulida superficie, las palabras de las envolturas se afirman categóricas; y eso es una fina pirámide de bombones. Praline. Moka. Nougat. Rhum. Kummel. Maroc...
La iglesia es ancha, pegada a la tierra. Las mujeres retardan con charlas su vuelta de misa, apoyando en la sombra espesa de los árboles placeros el deseo de quedarse. Han visto asomar a Paula bellamente vestida de azul, y la contemplan insidiosas en su furtivo camino solitario. El misterio de esa nueva vida las altera, las enajena; apenas puede tolerarse que el misterio resista tanta prolija indagación. El viejo tío ha muerto; Paula vive sola en la casa. Nunca hubo fortuna en la familia; pero ese vestido azul...
Y el anillo; porque han visto el anillo centelleante que a veces, en los intervalos del cine local, se enciende con insolencia cuando Paula, mecánicamente, echa hacia atrás el ala vibrante de su pelo castaño.
Paula reza diariamente en la iglesia del pueblo. Reza por sí, por su horrendo crimen. Reza por haber matado un ser humano.
¿Era un ser humano? Sí lo era, sí lo era. Cómo pudo ella dejarse arrastrar por la tentación, invadir los territorios de lo anormal, desear una figurita animada que le recordara sus muñecas de infancia. El anillo, el vestido azul, todo estaba bien; no había pecado en desearlos. Pero concebir la muñeca viva, pensarla sin renuncia... Aquella medianoche, la figurita se sentó en el borde de la mesa sonriendo con timidez. Tenía pelo negro, pollera roja, corselete blanco; era su muñeca Nené, pero estaba viva. Parecía una niña, y con todo Paula presintió que una terrible madurez informaba ese cuerpo de veinte centímetros de alto. Una mujer, una mujer que su extravío acababa de crear.
Y entonces la mató. Le fue preciso borrar la obra que fatalmente sería descubierta y atraería sobre ella el nombre y el castigo de las brujas. Paula conocía su pueblo; no tuvo valor de huir. Casi nadie huye de los pueblos, y por eso los pueblos triunfan. De noche, cuando la figurita silenciosa y sonriente se durmió sobre un almohadón, Paula la llevó a la cocina, la puso en el horno de gas y abrió la llave.
Estaba enterrada en el patio del limonero. Por ella y por sí misma, la asesina rezaba, diariamente en la iglesia.
Es de tarde, llueve. Vivir es triste en una casa sola. Paula lee poco, apenas toca el piano. Quisiera algo, no sabe qué. Quisiera no tener miedo, evadirse. Piensa en Buenos Aires; acaso en Buenos Aires, donde no la conocen. Acaso en Buenos Aires. Pero su razón le dice que mientras se lleve a sí misma consigo el miedo ahogará su felicidad en todas partes. Quedarse, entonces, y ser pasablemente dichosa. Crearse una dicha hogareña, envolverse en el cumplimiento de mil pequeños deseos, de los caprichos minuciosamente destruidos en su infancia y su juventud. Ahora que ella puede, que lo puede todo. Dueña del mundo, si solamente se animara a...
Pero el miedo y la timidez le cierran la garganta. Bruja, bruja.
Para las brujas, el infierno.
Las mujeres no tienen toda la culpa. Si creen que Paula vende en secreto su cuerpo es porque el origen de tan insólito bienestar les es incomprensible. Está la cuestión de su casa de campo. Las ropas y el auto, la piscina, los perros finos y el abrigo de visón. Pero el amante no habita en el pueblo, eso es seguro; y Paula no se aleja casi nunca de su residencia. ¿Habrá hombres tan poco exigentes?
Ella cosecha las miradas, recoge comentarios por boca de pocos amigos de familia que acuden a veces, con lenguaje libre de preguntas, a beber una taza de té. Sonríe tristemente y dice que no le importa, que es feliz. Sus amigos, antiguos cortejantes convencidos del imposible, comprueban tanta felicidad en la mirada de Paula. Ahora hay como un brillo de fósforo en sus pupilas claras. Cuando vierte el té en las finas tazas su gesto tiene algo de triunfante, contenido por un carácter tímido que se rehuye a sí mismo la ostentación de lo logrado.
A solas, Paula recuerda su labor de demiurgo; la lenta, meticulosa realización de los deseos. El primer problema fue la casa; tener una casa en las afueras del pueblo, con la comodidad que su ocio reclamaba. Buscó el lugar, el ambiente; cerca del camino real, aunque no excesivamente cerca. Tierras altas, aguas sin sal. Creó dinero para adquirir el terreno y estuvo por confiarse a un arquitecto para que le construyera la residencia. Sin embargo la detenía el temor de manejar cuestiones financieras, acrecentar sospechas latentes en todo saludo, más precisamente en los muchos silencios desdeñosos. Una tarde, a solas en su tierra, pensó crear la casa pero tuvo miedo. La vigilaban, la seguían; en los pueblos una casa no brota de la nada. No debe brotar de la nada. Había que acudir al arquitecto, entonces; Paula dudaba, amedrentándose ante cada problema. Irse del pueblo hubiera concluido con todo; eso y ser valiente: los imposibles.
Entonces hizo algo grande: crear, no la casa, sino la construcción de la casa. Aplicándose noche y día, logró que la residencia fuera edificada sin despertar en nadie el temido azoramiento. Creó paso a paso la construcción de su finca, y aunque hubo días en que se preguntó qué harían los obreros al concluirla, tuvo al fin la satisfacción de ver que aquellos hombres se marchaban en silencio, contando su dinero. Entonces entró en su casa, que era verdaderamente hermosa, y se dedicó a amueblarla poco a poco.
Era divertido; tomaba una revista, en busca de un ambiente que la complaciera, elegía el lugar preciso y creaba cosa por cosa esas predilectas imágenes. Tuvo gobelinos; tuvo un tapiz de Teherán; tuvo un cuadro de Guido Reni; tuvo peces chinescos, perros pomerania, una cigüeña. Los pocos amigos que acudían a la casa eran recibidos en habitaciones prolijas, de discreto gusto burgués; Paula los esperaba cordialmente, los llevaba a pasear por la casa y los jardines, mostrándoles los crisantemos y las violetas; y como ella era la discreción misma, los visitantes bebían su té y se marchaban de la residencia sin descubrir nada nuevo.
Integró una biblioteca con volúmenes rosa, tuvo casi todos los discos de Pedro Vargas y algunos de Elvira Ríos; llegó un momento en que ya poco deseaba y su capricho sólo halló ejercicio en alguna golosina, un perfume nuevo, una sazón de pescado. Pero después Paula quiso tener un hombre que la amara, y aunque vaciló largo tiempo entre recibir en su lecho a cualquiera de sus fieles pretendientes o crear un ser que cumpliera en todo sus románticas visiones de antaño, comprendió que no había alternativas y que le era forzoso decidirse por lo último. Un amante del pueblo hubiera preguntado, inquirido hasta descubrir, más allá de la sonrisa, el poder de la bruja. Y entonces hubiera sido el terror, la persecución, la locura.
Creó su hombre. Su hombre la amó. Era bello, fino, se llamaba Esteban, jamás quería salir de la casa: así tenía que ser. Ya enteramente aislada de sus semejantes, Paula negó el té a los amigos y éstos presintieron la regencia de un macho en la casa. Tristes de corazón, se volvieron al pueblo.
Ella recuerda ahora su labor de demiurgo. Es casi de noche; Paula no está triste y sin embargo hay una mano fría que se apoya en su pecho, cubriéndole el hueco entre los senos con una firme opresión. «Estoy cansada», se dice. «He tenido que pensar tanto, que desear tanto...». Comprende, sin palabras, la tremenda fatiga de Dios. También ella necesita su séptimo día para ser enteramente feliz.
Esteban se reclina a su lado, mirándola con hondos ojos negros; le sonríe, un poco como un hijo.
—Paula —murmura.
Ella le acaricia el pelo sin hablar. Es difícil no sentirse maternal con ese muchacho demasiado sensible, desasido de todo lazo humano, íntegramente dado a la tarea de adorarla. Esteban no hace preguntas, parece estar siempre esperando su voz. Es mejor así.
Y de pronto, como una lejana llamada de cuernos, Paula tiene la débil pero distinta sensación de estar enferma, de que se va a morir, de que el séptimo día viene sin aplazo posible.
Cuando los dos médicos retornan al pueblo, es bien poco lo que tienen que decir. Lo mismo al siguiente día. En la tarde del tercero, el automóvil de los médicos rodea la plaza y se detiene ante la cochería principal.
Es entonces que los amigos de Paula deben luchar contra el desatado rencor de todo un pueblo cristiano. Las esposas, las hermanas, los profesores de moral lugareña; hay quienes aspiran a que Paula se corrompa en la soledad de su casa, libre y abandonada como su vida. Lo que se elige en este mundo ha de mantenerse en el otro. Y son pocos, apenas cinco hombres silenciosos, los que acuden por la noche a la residencia para velar el cadáver de la amiga.
Los empleados de la cochería y dos mujeres de la granja vecina han puesto a la muerta en el ataúd y montado la capilla ardiente. Los amigos encuentran, casi sin sorpresa, a Esteban. Lo ven por primera vez, estrechan su mano. Esteban parece no comprender; está sentado en un alto sillón de respaldo calado, a la derecha del cadáver. A intervalos se levanta, va hasta Paula y la besa en la boca; un beso fresco, fuerte, que los amigos contemplan con espanto. El beso de un joven guerrero a su diosa antes de la batalla. Después vuelve Esteban a su asiento y se inmoviliza, mirando por encima del ataúd hacia la pared.
Paula ha muerto al atardecer y es medianoche ya. Los amigos están solos, con ella y Esteban. Afuera hace frío y algunos piensan en el pueblo, en las botellas de agua caliente de los lechos, en los boletines de radio.
En semicírculo miran a Paula que yace sin esfuerzo, como por fin liberada de una carga superior a sus pequeños hombros que han conservado siempre algo de la forma niña. Las larguísimas pestañas vierten una mínima sombra sobre los pómulos grises. Los médicos han dicho que su muerte ha sido lenta pero sin lucha, como una madurez de fruto. Y por los cinco amigos pasa, alternativamente, el mismo tierno y manido pensamiento: «Parece dormida».
¿Por qué entra tanto frío en la habitación? Es repentino, por bocanadas crecientes. Tal vez un frío que nace de adentro, piensan los amigos; suele sentirse en los velatorios. Un poco de coñac... Y cuando uno de ellos mira a Esteban, rígido en su sillón, siente como un horror que repentinamente le crece y le invade el pelo, las manos, la lengua; a través del pecho de Esteban está viendo los calados del respaldo del sillón. Los otros siguen su mirada y lividecen. El frío sube, sube como una marea. Más allá de la puerta cerrada se yergue de pronto la masa espesa del monte de eucaliptos bañado de luna; y ellos comprenden que lo están viendo través de la puerta cerrada. Ahora son las paredes que ceden ante el paisaje del campo, la granja vecina, todo bajo una cruda luz de plenilunio; y Esteban es ya una burbuja de gelatina, bello y lamentable en su sillón que cede como él ante el avance de la nada. Del techo entra un chorro de luz plateada quitando nitidez a los resplandores de la capilla ardiente. Por la suela de los zapatos sienten ahora los cinco amigos filtrarse una humedad de tierra fresca, con césped y tréboles, y cuando se miran, incapaces de pronunciar la primera palabra de la revelación, están ya solos con Paula, con Paula y la capilla ardiente que se levanta desnuda en medio del campo, bajo la luna inevitable.
La juventud de Paula ha sido triste y silenciosa, como ocurre en los pueblos a toda muchacha que prefiera la lectura a los paseos por la plaza, desdeñe pretendientes regulares y se someta al espacio de una casa como suficiente dimensión de vida. Por eso, al apartar ahora los claros ojos del tejido —un pull-over gris simplísimo—, se acentúa en su rostro la sombría conformidad del que alcanza la paz a través de moderado razonamiento y no con el alegre desorden de una existencia total. Es una muchacha triste, buena, sola. Tiene veinticinco años, terrores nocturnos, algo de melancolía. Toca Schumann en el piano y a veces Mendelssohn; no canta nunca pero su madre, muerta ya, recordaba antaño haberla oído silbar quedamente cuando tenía quince años, por las tardes.
—Sea como sea —pronuncia Paula—, me gustaría tener aquí unos bombones.
Sonríe ante la fácil y ventajosa sustitución de anhelos; su horrible ansiedad de fuga se ha resumido en un modesto capricho. Pero deja de sonreír como si le arrancaran la risa de la boca: el recuerdo de la mosca se asocia a su deseo, le trae un inquieto temblor a las manos vacantes.
Paula tiene diez años. La lámpara del comedor siembra de rojos destellos su nuca y la corta melena. Por sobre ella —que los siente altísimos, lejanos, imposibles—, sus padres y el viejo tío discuten cuestiones incomprensibles. La negrita sirvienta ha puesto frente a Paula el inapelable plato de sopa. Es preciso comer, antes que la frente de la madre se pliegue con sorprendido disgusto, antes que el padre, a su izquierda, diga: «Paula», y deposite en esa simple nominación una velada suerte de amenazas.
Comer la sopa. No tomarla: comerla. Es espesa, de tibia sémola; ella odia la pasta blanquecina y húmeda. Piensa que si la casualidad trajera una mosca a precipitarse en la inmensa ciénaga amarilla del plato, le permitirían suprimirlo, la salvarían del abominable ritual. Una mosca que cayera en su plato. Nada más que una pequeña, mísera mosca opalina.
Intensamente tiene los ojos puestos en la sopa. Piensa en una mosca, la desea, la espera.
Y entonces la mosca surge en el exacto centro de la sémola. Viscosa y lamentable, arrastrándose unos milímetros antes de sucumbir quemada.
Se llevan el plato y Paula está a salvo. Pero ella jamás confesará la verdad; jamás dirá que no ha visto caer la mosca en la sémola. La ha visto aparecer, que es distinto.
Todavía estremecida por el recuerdo, Paula se pregunta la razón de no haber insistido, alcanzado la seguridad de lo que sospecha. Tiene miedo: ésa es la respuesta. Toda su vida ha tenido miedo. Nadie cree en las brujas, pero si descubren una la matan. Paula ha guardado en el vasto cofre de sus muchos silencios una íntima seguridad; algo le dice que ella puede. Ha dejado irse la infancia entre balbuceos y esperanzas; está viendo pasar su juventud como una tristísima diadema suspendida en el aire por manos vacilantes, deshojándose despacio. Su vida es así; tiene miedo, quisiera comer bombones. Los pull-overs y las mañanitas se amontonan en los armarios; también los manteles finamente diseñados con motivos de Puvis de Chavannes. No ha querido adaptarse al pueblo; Raúl, Atilio González, el pálido René, son testigos de antaño; la quisieron, la buscaron, ella les sonrió al rechazarlos. Los temía como a sí misma.
—Sea como sea, me gustaría tener aquí unos bombones.
Está sola en la casa. El viejo tío juega al billar en el Tokio. Empieza Paula a sentir la tentación, por primera vez intensa hasta darle náuseas. Por qué no, por qué no. Afirma preguntando, pregunta al afirmar. Es ya algo fatal, hay que hacerlo. Y como aquella vez, concentra su deseo en los ojos, proyecta la mirada sobre la mesa baja puesta al lado de la mecedora, toda ella se lanza tras su mirada hasta sentir de sí misma como un vacío, un gran molde hueco que antes ocupara, una evasión total que la desgaja de su ser, la proyecta en voluntad...
Y ve surgir poco a poco la materialización de su deseo. Finas láminas rosadas, reflejos tenues de papel de plata con listas azules y rojas; brillo de mentas, de nueces pulimentadas; oscura concreción del chocolate perfumado. Todo ello transparente, diáfano; el sol que alcanza el borde de la mesa percute en la creciente masa, la llena de translúcidas penetraciones; pero Paula fija todavía más la voluntad en su obra e irrumpe al fin la opacidad triunfante de la materia lograda. El sol es rechazado en cada pulida superficie, las palabras de las envolturas se afirman categóricas; y eso es una fina pirámide de bombones. Praline. Moka. Nougat. Rhum. Kummel. Maroc...
La iglesia es ancha, pegada a la tierra. Las mujeres retardan con charlas su vuelta de misa, apoyando en la sombra espesa de los árboles placeros el deseo de quedarse. Han visto asomar a Paula bellamente vestida de azul, y la contemplan insidiosas en su furtivo camino solitario. El misterio de esa nueva vida las altera, las enajena; apenas puede tolerarse que el misterio resista tanta prolija indagación. El viejo tío ha muerto; Paula vive sola en la casa. Nunca hubo fortuna en la familia; pero ese vestido azul...
Y el anillo; porque han visto el anillo centelleante que a veces, en los intervalos del cine local, se enciende con insolencia cuando Paula, mecánicamente, echa hacia atrás el ala vibrante de su pelo castaño.
Paula reza diariamente en la iglesia del pueblo. Reza por sí, por su horrendo crimen. Reza por haber matado un ser humano.
¿Era un ser humano? Sí lo era, sí lo era. Cómo pudo ella dejarse arrastrar por la tentación, invadir los territorios de lo anormal, desear una figurita animada que le recordara sus muñecas de infancia. El anillo, el vestido azul, todo estaba bien; no había pecado en desearlos. Pero concebir la muñeca viva, pensarla sin renuncia... Aquella medianoche, la figurita se sentó en el borde de la mesa sonriendo con timidez. Tenía pelo negro, pollera roja, corselete blanco; era su muñeca Nené, pero estaba viva. Parecía una niña, y con todo Paula presintió que una terrible madurez informaba ese cuerpo de veinte centímetros de alto. Una mujer, una mujer que su extravío acababa de crear.
Y entonces la mató. Le fue preciso borrar la obra que fatalmente sería descubierta y atraería sobre ella el nombre y el castigo de las brujas. Paula conocía su pueblo; no tuvo valor de huir. Casi nadie huye de los pueblos, y por eso los pueblos triunfan. De noche, cuando la figurita silenciosa y sonriente se durmió sobre un almohadón, Paula la llevó a la cocina, la puso en el horno de gas y abrió la llave.
Estaba enterrada en el patio del limonero. Por ella y por sí misma, la asesina rezaba, diariamente en la iglesia.
Es de tarde, llueve. Vivir es triste en una casa sola. Paula lee poco, apenas toca el piano. Quisiera algo, no sabe qué. Quisiera no tener miedo, evadirse. Piensa en Buenos Aires; acaso en Buenos Aires, donde no la conocen. Acaso en Buenos Aires. Pero su razón le dice que mientras se lleve a sí misma consigo el miedo ahogará su felicidad en todas partes. Quedarse, entonces, y ser pasablemente dichosa. Crearse una dicha hogareña, envolverse en el cumplimiento de mil pequeños deseos, de los caprichos minuciosamente destruidos en su infancia y su juventud. Ahora que ella puede, que lo puede todo. Dueña del mundo, si solamente se animara a...
Pero el miedo y la timidez le cierran la garganta. Bruja, bruja.
Para las brujas, el infierno.
Las mujeres no tienen toda la culpa. Si creen que Paula vende en secreto su cuerpo es porque el origen de tan insólito bienestar les es incomprensible. Está la cuestión de su casa de campo. Las ropas y el auto, la piscina, los perros finos y el abrigo de visón. Pero el amante no habita en el pueblo, eso es seguro; y Paula no se aleja casi nunca de su residencia. ¿Habrá hombres tan poco exigentes?
Ella cosecha las miradas, recoge comentarios por boca de pocos amigos de familia que acuden a veces, con lenguaje libre de preguntas, a beber una taza de té. Sonríe tristemente y dice que no le importa, que es feliz. Sus amigos, antiguos cortejantes convencidos del imposible, comprueban tanta felicidad en la mirada de Paula. Ahora hay como un brillo de fósforo en sus pupilas claras. Cuando vierte el té en las finas tazas su gesto tiene algo de triunfante, contenido por un carácter tímido que se rehuye a sí mismo la ostentación de lo logrado.
A solas, Paula recuerda su labor de demiurgo; la lenta, meticulosa realización de los deseos. El primer problema fue la casa; tener una casa en las afueras del pueblo, con la comodidad que su ocio reclamaba. Buscó el lugar, el ambiente; cerca del camino real, aunque no excesivamente cerca. Tierras altas, aguas sin sal. Creó dinero para adquirir el terreno y estuvo por confiarse a un arquitecto para que le construyera la residencia. Sin embargo la detenía el temor de manejar cuestiones financieras, acrecentar sospechas latentes en todo saludo, más precisamente en los muchos silencios desdeñosos. Una tarde, a solas en su tierra, pensó crear la casa pero tuvo miedo. La vigilaban, la seguían; en los pueblos una casa no brota de la nada. No debe brotar de la nada. Había que acudir al arquitecto, entonces; Paula dudaba, amedrentándose ante cada problema. Irse del pueblo hubiera concluido con todo; eso y ser valiente: los imposibles.
Entonces hizo algo grande: crear, no la casa, sino la construcción de la casa. Aplicándose noche y día, logró que la residencia fuera edificada sin despertar en nadie el temido azoramiento. Creó paso a paso la construcción de su finca, y aunque hubo días en que se preguntó qué harían los obreros al concluirla, tuvo al fin la satisfacción de ver que aquellos hombres se marchaban en silencio, contando su dinero. Entonces entró en su casa, que era verdaderamente hermosa, y se dedicó a amueblarla poco a poco.
Era divertido; tomaba una revista, en busca de un ambiente que la complaciera, elegía el lugar preciso y creaba cosa por cosa esas predilectas imágenes. Tuvo gobelinos; tuvo un tapiz de Teherán; tuvo un cuadro de Guido Reni; tuvo peces chinescos, perros pomerania, una cigüeña. Los pocos amigos que acudían a la casa eran recibidos en habitaciones prolijas, de discreto gusto burgués; Paula los esperaba cordialmente, los llevaba a pasear por la casa y los jardines, mostrándoles los crisantemos y las violetas; y como ella era la discreción misma, los visitantes bebían su té y se marchaban de la residencia sin descubrir nada nuevo.
Integró una biblioteca con volúmenes rosa, tuvo casi todos los discos de Pedro Vargas y algunos de Elvira Ríos; llegó un momento en que ya poco deseaba y su capricho sólo halló ejercicio en alguna golosina, un perfume nuevo, una sazón de pescado. Pero después Paula quiso tener un hombre que la amara, y aunque vaciló largo tiempo entre recibir en su lecho a cualquiera de sus fieles pretendientes o crear un ser que cumpliera en todo sus románticas visiones de antaño, comprendió que no había alternativas y que le era forzoso decidirse por lo último. Un amante del pueblo hubiera preguntado, inquirido hasta descubrir, más allá de la sonrisa, el poder de la bruja. Y entonces hubiera sido el terror, la persecución, la locura.
Creó su hombre. Su hombre la amó. Era bello, fino, se llamaba Esteban, jamás quería salir de la casa: así tenía que ser. Ya enteramente aislada de sus semejantes, Paula negó el té a los amigos y éstos presintieron la regencia de un macho en la casa. Tristes de corazón, se volvieron al pueblo.
Ella recuerda ahora su labor de demiurgo. Es casi de noche; Paula no está triste y sin embargo hay una mano fría que se apoya en su pecho, cubriéndole el hueco entre los senos con una firme opresión. «Estoy cansada», se dice. «He tenido que pensar tanto, que desear tanto...». Comprende, sin palabras, la tremenda fatiga de Dios. También ella necesita su séptimo día para ser enteramente feliz.
Esteban se reclina a su lado, mirándola con hondos ojos negros; le sonríe, un poco como un hijo.
—Paula —murmura.
Ella le acaricia el pelo sin hablar. Es difícil no sentirse maternal con ese muchacho demasiado sensible, desasido de todo lazo humano, íntegramente dado a la tarea de adorarla. Esteban no hace preguntas, parece estar siempre esperando su voz. Es mejor así.
Y de pronto, como una lejana llamada de cuernos, Paula tiene la débil pero distinta sensación de estar enferma, de que se va a morir, de que el séptimo día viene sin aplazo posible.
Cuando los dos médicos retornan al pueblo, es bien poco lo que tienen que decir. Lo mismo al siguiente día. En la tarde del tercero, el automóvil de los médicos rodea la plaza y se detiene ante la cochería principal.
Es entonces que los amigos de Paula deben luchar contra el desatado rencor de todo un pueblo cristiano. Las esposas, las hermanas, los profesores de moral lugareña; hay quienes aspiran a que Paula se corrompa en la soledad de su casa, libre y abandonada como su vida. Lo que se elige en este mundo ha de mantenerse en el otro. Y son pocos, apenas cinco hombres silenciosos, los que acuden por la noche a la residencia para velar el cadáver de la amiga.
Los empleados de la cochería y dos mujeres de la granja vecina han puesto a la muerta en el ataúd y montado la capilla ardiente. Los amigos encuentran, casi sin sorpresa, a Esteban. Lo ven por primera vez, estrechan su mano. Esteban parece no comprender; está sentado en un alto sillón de respaldo calado, a la derecha del cadáver. A intervalos se levanta, va hasta Paula y la besa en la boca; un beso fresco, fuerte, que los amigos contemplan con espanto. El beso de un joven guerrero a su diosa antes de la batalla. Después vuelve Esteban a su asiento y se inmoviliza, mirando por encima del ataúd hacia la pared.
Paula ha muerto al atardecer y es medianoche ya. Los amigos están solos, con ella y Esteban. Afuera hace frío y algunos piensan en el pueblo, en las botellas de agua caliente de los lechos, en los boletines de radio.
En semicírculo miran a Paula que yace sin esfuerzo, como por fin liberada de una carga superior a sus pequeños hombros que han conservado siempre algo de la forma niña. Las larguísimas pestañas vierten una mínima sombra sobre los pómulos grises. Los médicos han dicho que su muerte ha sido lenta pero sin lucha, como una madurez de fruto. Y por los cinco amigos pasa, alternativamente, el mismo tierno y manido pensamiento: «Parece dormida».
¿Por qué entra tanto frío en la habitación? Es repentino, por bocanadas crecientes. Tal vez un frío que nace de adentro, piensan los amigos; suele sentirse en los velatorios. Un poco de coñac... Y cuando uno de ellos mira a Esteban, rígido en su sillón, siente como un horror que repentinamente le crece y le invade el pelo, las manos, la lengua; a través del pecho de Esteban está viendo los calados del respaldo del sillón. Los otros siguen su mirada y lividecen. El frío sube, sube como una marea. Más allá de la puerta cerrada se yergue de pronto la masa espesa del monte de eucaliptos bañado de luna; y ellos comprenden que lo están viendo través de la puerta cerrada. Ahora son las paredes que ceden ante el paisaje del campo, la granja vecina, todo bajo una cruda luz de plenilunio; y Esteban es ya una burbuja de gelatina, bello y lamentable en su sillón que cede como él ante el avance de la nada. Del techo entra un chorro de luz plateada quitando nitidez a los resplandores de la capilla ardiente. Por la suela de los zapatos sienten ahora los cinco amigos filtrarse una humedad de tierra fresca, con césped y tréboles, y cuando se miran, incapaces de pronunciar la primera palabra de la revelación, están ya solos con Paula, con Paula y la capilla ardiente que se levanta desnuda en medio del campo, bajo la luna inevitable.
lunes, 21 de abril de 2014
"CARTA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ A GEORGE W. BUSH"
"¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo?
¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80. 000 hombres mujeres y niños. Otros 250. 000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.
¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.
¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.
Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.
Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío.
Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500. 000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto... ¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana.
Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24. 000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños efectos colaterales.
¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?
¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa? "
lunes, 10 de marzo de 2014
AMOR VERDADERO
Yo conocí un amor de los de verdad, de esos que le hacen caso al sacerdote y son " hasta que la muerte los separe". Aunque los protagonistas no se hayan casado por iglesia y solo tuvieran un papel que los uniera.
Duraron un poco mas de diez años juntos, nada para un amor verdadero, solo un trecho de la existencia total promedio de vida humana, pero como en muchos otros ejemplos, el tiempo es relativo.
Se querían, de verdad se querían. Se habían conocido ya de grandes, en la madurez mitad de la vida, uno había hacía mucho tiempo formado familia y tenía numerosos hijos y nietos; El otro componente de este relato había estado siempre solo, por decisión o falta de suerte, viviendo normalmente su soltería llenando el vacío de un hogar con relaciones pasajeras o del momento, así de furtivas eran.
Hace unos días asistí al final. Una enfermedad de esas que llaman "degenerativas" pudo finalmente separarlos de planos, de dimensiones, porque durante mucho tiempo trató de separarlos mientras ambos coexistían pero nunca lo logró.
Atrás quedaba ya el sufrimiento de ambos, porque los amores verdaderos son así, a uno le duele el cuerpo, el otro siente el mismo dolor pero en el alma.
Queda la abnegación, el cuidado total y la entrega absoluta brindada por el uno hacia el otro, como un recuerdo que a la vista de propios y extraños le da la calificación mas acertada posible, la de poder decirle a la cara y mirándolo a los ojos que es un ser humano con todas las letras, entero, sin poder reprocharle nada ante lo que le toco vivir, porque sobrellevó todo con dolor y silencio, sin quejarse, haciendo todo lo humanamente posible para que su pareja sobrellevara su cruz de la mejor forma posible.
No se si volverán a reunirse alguna vez cuando ambos vuelvan a estar en un mismo sitio- plano- dimensión, nunca se sabrá.
No se como será la vida de aquí en mas del que queda, pero fue buena persona cuando la mayoría de la gente ante una situación así no tiene fuerzas para serlo, así que si se siembra lo que se cosecha el sembró frutos dulces y amorosos y de verdad espero que reciba lo mismo.
Yo conocí un amor verdadero... Y si hubiera mas en el mundo, todo sería un poco mejor...
miércoles, 12 de febrero de 2014
2014 año de Julio Cortazar
Un día como hoy hace 30 años dejaba de escribír Julio, solo eso, porque nunca se irá de nuestras mentes y nuestros corazones. Y en agosto cumpliría 100 años, por eso este año es cronopiamente cortazariano, y no hay homenaje que sea lo suficientemente bueno para tamaña figura de las letras universales. gracias Julito por hacerme siempre compania
miércoles, 10 de julio de 2013
Nikola Tesla, el Inventor olvidado.( Tomado de Castillayleon.com )
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Nikola Tesla, el
´friki´ más grande de todos los tiempos
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miércoles, 3 de abril de 2013
OLIMPO CADA VEZ MAS DE PRIMERA
Hace rato que no hablo de mi otra pasión que es el fútbol, y sobre todo de OLIMPO de Bahía Blanca, del cual soy aficionado por ser de mi ciudad. Creo que la última entrada al respecto estábamos navegando en las aguas oscuras del descenso de la primera división, cosa que al final pasó, nos fuimos de cabeza a la B nacional, segunda categoría del fútbol argentino.
Bueno, de aquel equipo de primera solo quedaron 1 o 2 jugadores. Plantel nuevo, técnico nuevo, ilusiones nuevas. El club armó un equipo competitivo para volver a ascender, y con el cambio de formato de la competición ( ahora suben 3 equipos a primera), el objetivo está cada vez mas cerca.
Van 27 partidos, o sea ya es la segunda rueda. En la primera parte del campeonato sacamos " chapa de campeón", eramos imbatibles, el equipo con menos goles en contra, con menos partidos perdidos, y todos nos tenían miedo. Cada partido era una muestra gratis de como un equipo bien armado, compacto, decidido a ganar debe tratar la pelota.
En la segunda parte la cosa cambio, como se preveía, los rivales ya lo conocían a OLIMPO, ya sabían que puntos fuertes del equipo no tenían que dejar jugar cómodamente, se volvió una final cada partido. De ir primeros y tranquilos ahora estamos terceros, a 8 puntos del cuarto, a dos puntos del segundo, a seis del primero. Hay que mirar para atrás y vigilar al cuarto, porque para subír no importa en que puesto de los 3 primeros se esté, salir campeón es una simple anécdota ahora.
Ayer, feriado, 2 de Abril, fecha tan cara a nuestros sentimientos, OLIMPO le ganó a Sarmiento en Junín ( el cuarto en la tabla general) después de 3 partidos sin ganar, jugando bien, a lo OLIMPO de la primera rueda, con un Gustavo Bou ( delantero a préstamo de River Plate) que volvió a demostrar porqué es uno de los mejores jugadores del torneo, dando el pase para el primer gol y haciendo su propio gol, el tercero del equipo, con una jugada " a lo Messi".
Falta mucho, 11 partidos todavía, y puede pasar cualquier cosa. No se como quedaremos cuando el árbitro de el pitido final en el último partido del torneo, ya se verá, si fuera todo previsible el fútbol no sería el deporte mas maravilloso del mundo.
Este Post es solamente para decirle GRACIAS a esos jugadores que semana a semana hacen latír mas fuerte el corazón de los hinchas, y nos dan a veces alguna alegría ganado, pero por sobre todas las cosas jugando bien.
Les dejo el video para que se llenen los ojos de buen fútbol, porque cosas como estas son dignas de compartír.
GRACIAS AURINEGRO POR TODO LO QUE NOS DAS !!!
miércoles, 13 de marzo de 2013
FRANCISCO I , "PANCHO" PARA LOS AMIGOS
Que Dios es Argentino, ya se sabía hace rato. La novedad es que desde hace unas horas, el administrador y representante del todo poderoso en la Tierra, también.
Jorge Bergoglio es el nuevo Papa para el mundo católico, es el primer Americano en sentarse en el trono de San Pedro, el primer latino... Y la primera prueba de que el fin del mundo esta demasiado cerca, tanto que quizás estemos con un pie en el abismo y no nos damos cuenta. Porque ya se sabe lo que dice la leyenda, un Papa Negro, un Papa Argentino y chau humanidad, así que aceleremos el curso de aprender a tocar arpa porque los turros del Vaticano eligieron a un tipo de 76 años, vaya a saber cuanto de baqueteado, pero seguramente como todos los Argentos de esa edad, con mas asados que ensaladas en su haber. Ya en la TV, en directo desde la catedral metropolitana de la capital federal en Buenos Aires, se notan los cambios de renovación que se apoderaran del Vaticano desde ahora:
"Pancho I" es el primer Papa vitoreado como si fuera el 9 de la selección nacional de fútbol, cantando cosas como " Si este no es el Papa, el Papa donde está", algo así, mientras flameaban las banderas Argentinas.
Me da un poco de miedo, es la verdad. Sufro de la confusión y la sorpresa que se apoderó de todos en este País tan hermoso y controvertido. Cuando la euforia pase, cuando dentro de meses el inconsciente colectivo se acostumbre a la idea de que el Papa es Argentino, nos daremos cuenta de que en realidad, no nos va a cambiar la vida demasiado.
¿Acaso Polonia se destacó en algo durante la vida de Juan Pablo II? . Pero le tengo FE a este flamante Papa ¿Como no tenerla?, Si es como yo, al fin y al cabo, toma mates, come asados, alguna vez habrá jugado un picadito de fútbol con los amigos, cantará tangos y lo mas importante( y lo que lo hace verdaderamente humano al nuevo Papa) PUTEARÁ IGUAL QUE YO.... Y eso me encanta, no lo voy a negar.
Espero que sea des acartonado, que en el Angelus entre tanto palabrerío en Latín meta un "Che", un "¿Entendés bolú?" . Y a la hora de mediar conflictos, nada de ser políticamente correcto ni enviar emisarios, que vaya el a cagar a pedos a las partes involucradas, llevando en su bolsillo el mazo de cartas españolas como última opción para destrabar las cosas, porque todo se arregla hablando, jugando "Truco" y comiéndose una buena picada con manices, papitas, quesito y mortadela, y un Zinzano, ya que esta en Italia.
También lo quiero ver haciendo historia ( es el Papa Argentino, tiene todo el poder, que aproveche) de ser el primero en sentarse en un palco en alguna cancha donde juegue la selección nacional Argentina de Fútbol, ya hasta me imagino los titulares mundiales: "Con el Papa en las tribunas, Messi hace tricota santa" o alguna boludes de esas, que nos suba nuestro SIEMPRE alicaído ego.
Bueno, ahora en serio. A mi me va y me viene si el Papa es de Marte o de Chacarita, pero es el designio de Dios y algo bueno traerá todo esto, esperemos que haga lo que tiene que hacer y se ocupe de la gente del mundo que sufre de verdad, que haga algo palpable por todos ellos, porque hace 2 mil años que hay Papas y se la pasan rezando y todo sigue igual.
Jorge, se canchero, no comas ni tomes nada que no este envasado en origen, por las dudas, regala a todos los que vayan de tour a la capilla sixtina alfajores de Mar del Plata, da misa con el mate enjoyado en una mano y el termo Lumilagro a los pies, no hay drama, y aunque se quejen los tanos ortivas vos podes interrumpir la misa del domingo todo lo que sea necesario para ir a la parrilla a controlar el fuego, ponerle brasas a los choris y dar vuelta el costillar.
Y ya que sos del palo, y mas que seguro que lo conoces y has notado lo que el genero con su desgracia, pedile a tu jefe por GUS, aprovechá, ahora que tenes comunicacion directa con el barba....
Jorge Bergoglio es el nuevo Papa para el mundo católico, es el primer Americano en sentarse en el trono de San Pedro, el primer latino... Y la primera prueba de que el fin del mundo esta demasiado cerca, tanto que quizás estemos con un pie en el abismo y no nos damos cuenta. Porque ya se sabe lo que dice la leyenda, un Papa Negro, un Papa Argentino y chau humanidad, así que aceleremos el curso de aprender a tocar arpa porque los turros del Vaticano eligieron a un tipo de 76 años, vaya a saber cuanto de baqueteado, pero seguramente como todos los Argentos de esa edad, con mas asados que ensaladas en su haber. Ya en la TV, en directo desde la catedral metropolitana de la capital federal en Buenos Aires, se notan los cambios de renovación que se apoderaran del Vaticano desde ahora:
"Pancho I" es el primer Papa vitoreado como si fuera el 9 de la selección nacional de fútbol, cantando cosas como " Si este no es el Papa, el Papa donde está", algo así, mientras flameaban las banderas Argentinas.
Me da un poco de miedo, es la verdad. Sufro de la confusión y la sorpresa que se apoderó de todos en este País tan hermoso y controvertido. Cuando la euforia pase, cuando dentro de meses el inconsciente colectivo se acostumbre a la idea de que el Papa es Argentino, nos daremos cuenta de que en realidad, no nos va a cambiar la vida demasiado.
¿Acaso Polonia se destacó en algo durante la vida de Juan Pablo II? . Pero le tengo FE a este flamante Papa ¿Como no tenerla?, Si es como yo, al fin y al cabo, toma mates, come asados, alguna vez habrá jugado un picadito de fútbol con los amigos, cantará tangos y lo mas importante( y lo que lo hace verdaderamente humano al nuevo Papa) PUTEARÁ IGUAL QUE YO.... Y eso me encanta, no lo voy a negar.
Espero que sea des acartonado, que en el Angelus entre tanto palabrerío en Latín meta un "Che", un "¿Entendés bolú?" . Y a la hora de mediar conflictos, nada de ser políticamente correcto ni enviar emisarios, que vaya el a cagar a pedos a las partes involucradas, llevando en su bolsillo el mazo de cartas españolas como última opción para destrabar las cosas, porque todo se arregla hablando, jugando "Truco" y comiéndose una buena picada con manices, papitas, quesito y mortadela, y un Zinzano, ya que esta en Italia.
También lo quiero ver haciendo historia ( es el Papa Argentino, tiene todo el poder, que aproveche) de ser el primero en sentarse en un palco en alguna cancha donde juegue la selección nacional Argentina de Fútbol, ya hasta me imagino los titulares mundiales: "Con el Papa en las tribunas, Messi hace tricota santa" o alguna boludes de esas, que nos suba nuestro SIEMPRE alicaído ego.
Bueno, ahora en serio. A mi me va y me viene si el Papa es de Marte o de Chacarita, pero es el designio de Dios y algo bueno traerá todo esto, esperemos que haga lo que tiene que hacer y se ocupe de la gente del mundo que sufre de verdad, que haga algo palpable por todos ellos, porque hace 2 mil años que hay Papas y se la pasan rezando y todo sigue igual.
Jorge, se canchero, no comas ni tomes nada que no este envasado en origen, por las dudas, regala a todos los que vayan de tour a la capilla sixtina alfajores de Mar del Plata, da misa con el mate enjoyado en una mano y el termo Lumilagro a los pies, no hay drama, y aunque se quejen los tanos ortivas vos podes interrumpir la misa del domingo todo lo que sea necesario para ir a la parrilla a controlar el fuego, ponerle brasas a los choris y dar vuelta el costillar.
Y ya que sos del palo, y mas que seguro que lo conoces y has notado lo que el genero con su desgracia, pedile a tu jefe por GUS, aprovechá, ahora que tenes comunicacion directa con el barba....
lunes, 29 de agosto de 2011
Colito vs Aliens
Tengo miedo. A veces, muchas veces a pasado, los mapas de este Blog que grafícan quienes entran a mirar, de que país, y si están on line, (el mundo que gira y el mapamundi del avioncito), han detectado a alguien que esta en la costa de África, en el mar, y no lo registra, lo señalan pero no dan ubicación cierta ( Undefined, le pone). Ya el otro día busqué en el GOOGLE maps con las imágenes satelitales el lugar mas o menos aproximado al punto que me muestran mis mapas de visita y NO HAY NADA. No hay isla, no hay plataforma petrolera, NADA.
Capaz que el GOOGLE maps no pone todo y algo hay, tiene errores, sino vean esto:
1: Abran Google Maps
2: Ir a "Como llegar" (Get directions)
3: Tipeen China como punto de partida (A)
4: Tipeen Taiwan como punto de llegada (B)
5: Lean el paso 48
6: Cuando paren de reírse compartan esto con otros así también se ríen.
Y bueno, me tiene intrigado mi visitante de ninguna parte, lo que me hace reflexionar y preguntarme:
¿Los extraterrestres me vigilan?
¿Los extraterrestres tienen madrigueras acuáticas con banda ancha?
¿Los extraterrestres se tomaron en serio lo de "Los colorados dominaremos el mundo"?.
Alien, a vos te hablo, sí, el que me espías. ¿Estas leyendo? Bueno, te quería decir que la próxima vez que entres, podes comentar, ahora pueden dejar comentarios todos los que entren, así que hacete amigo y conversa,que yo, aunque no venga del espacio, tengo la tecnología suficiente para detectarte. Y si te haces el malo vení a casa que te doy un mate frió y no te va a alcanzar el viaje de vuelta a tu galaxia para terminar de cagar (ir de cuerpo, tengo que apiadarme del traductor y del bloguero que me lee desde Finlandia.)
Capaz que el GOOGLE maps no pone todo y algo hay, tiene errores, sino vean esto:
1: Abran Google Maps
2: Ir a "Como llegar" (Get directions)
3: Tipeen China como punto de partida (A)
4: Tipeen Taiwan como punto de llegada (B)
5: Lean el paso 48
6: Cuando paren de reírse compartan esto con otros así también se ríen.
Y bueno, me tiene intrigado mi visitante de ninguna parte, lo que me hace reflexionar y preguntarme:
¿Los extraterrestres me vigilan?
¿Los extraterrestres tienen madrigueras acuáticas con banda ancha?
¿Los extraterrestres se tomaron en serio lo de "Los colorados dominaremos el mundo"?.
Alien, a vos te hablo, sí, el que me espías. ¿Estas leyendo? Bueno, te quería decir que la próxima vez que entres, podes comentar, ahora pueden dejar comentarios todos los que entren, así que hacete amigo y conversa,que yo, aunque no venga del espacio, tengo la tecnología suficiente para detectarte. Y si te haces el malo vení a casa que te doy un mate frió y no te va a alcanzar el viaje de vuelta a tu galaxia para terminar de cagar (ir de cuerpo, tengo que apiadarme del traductor y del bloguero que me lee desde Finlandia.)
jueves, 2 de junio de 2011
La casa de mis abuelos
El otro día volví a un lugar querido por mí después de algo mas de 15 años. A la casa de mis abuelos. Por cosas de la vida mis abuelos ya no están, y la casa tampoco. Por alguna razón que ya nunca podré saber la casa fue reducida a escombros tiempo después que mi abuelo, sobreviviente de su matrimonio de 50 años se mudara al barrio detrás de las estrellas, como dice Sabina en una de sus canciones. El que sabia el porqué también se mudó al mismo barrio, mi viejo, y los sobrevivientes de esa rama familiar, mi prima y yo, no nos desvelamos mucho por saberlo, es una cosa que ya está y listo.
Nos quedó como herencia ese terrenito, ni grande ni chico, al que tuvimos que hacer limpiar de escombros porque juntaba alimañas y los vecinos inmediatos se quejaban con justa razón. Volver a ese lugar activó muchos recuerdos dormidos en mi memoria, en el fichero neuronal de mi primera infancia hicieron blanco todos los amenos momentos que reviví con recogimiento. En ese lugar ya no hay casi nada identificable como " la casa de los abue" pero quedan detalles, que funcionaron en mi como si fueran un tele transportador hacia la época mas querida que puede tener una persona.
Yo no veía un montón de escombros en ese lugar. yo seguía viendo como la última vez que había pisado ese lugar, el cuartito de herramientas del abuelo, echo hábilmente con láminas de chapa y forrado en su interior con gruesos cartones para que fuera un poco mas habitable circunstancialmente en los inviernos. Me veo entrando allí, un lugar pequeño, pero para mis ojos de niño mágico, y entretenerme abriendo cajones de mesas y muebles desvencijados, llenos de tuercas, tornillos, alambres, trozos de aparatos a medio reparar o que servirían para repuesto, una verdadera maravilla para mis 7, 8 años.
También, en ese patio mitad tierra mitad cemento, veía las cuidadas flores de mi abuela, el piletón de concreto que mi abuelo usaba en las noches de navidad como heladera, llenándolo de barras de hielo que el mismo iba a comprar en su eterno medio de transporte, la bicicleta. Todavía hoy queda parte del alero de chapas que hacía de galería y resguardaba la puerta de la casa de las lluvias, pero yo lo recordaba entero, me recordaba bajo su refugio en las tardes de lluvia mientras juntábamos agua caída del cielo en fuentones con mi abuela, para las plantas, porque era el mejor agua. Queda en pié el dintel de la puerta que llevaba al único dormitorio, queda parte de la mesada de la cocina, en donde mi abuela llenaba una olla con agua y me adentraba en el reino mágico que ya conté en" SERVICIO SE OFRECE".
Todos los echos y las circunstancias terminan encadenándose hacia algo que tenia que suceder. Entre las cosas personales de mi viejo estaba una foto, enmarcada en un cuadrito, de mi abuela cuando era joven. Quien sabe por cuanto tiempo dormitó ese cuadro en la oscuridad de una valija donde mi padre atesoraba todo lo que el creía importante o sentimental a lo largo de su vida. Bueno, ese cuadro lo descubrió mi jermu y como mujer respetuosa de los mayores familiares no creyó justo que siguiera ese retrato de mi abuela escondido en el olvido, así que ahora cuelga en el pasillo de mi casa, visible, solemne, y la tengo siempre presente y querida porque mi abuela era una mujer maravillosa, incapaz de enojarse o renegar aún en las situaciones más difíciles.
De ese cuadro a volver a pisar esa casa había solo un paso y lo dí. Esa tarde regresé lleno de gratos recuerdos que creía olvidados, lleno de pensamientos tranquilos que ponen un freno a la vida alocada que se lleva actualmente, siempre acelerados y corriendo para no llegar realmente a ninguna parte.
Fue grato recordar, porque el recuerdo hizo que doliera menos ver el estado actual de lo que fuera la casa de mis abuelos, mi segunda casa en la niñez, porque pasaba mucho tiempo en las vacaciones de verano con ellos. Ya esos veranos no volverán, ni su tierna companía, pero el amor sigue mas allá del tiempo y las dimensiones, sus amores de abuelos y mi amor de único nieto varón nada puede derrumbarlo, como esa casa, ni llenarse de escombros.
Y como por tanto tiempo esa foto estuvo ausente de ojos, como un homenaje a mi querida abuela la pongo acá, para que todos los ojos del mundo puedan admirarla, por siempre, incluso aún después de que quien escribe se haya mudado a ese barrio tan populoso que queda detrás de las estrellas...
Nos quedó como herencia ese terrenito, ni grande ni chico, al que tuvimos que hacer limpiar de escombros porque juntaba alimañas y los vecinos inmediatos se quejaban con justa razón. Volver a ese lugar activó muchos recuerdos dormidos en mi memoria, en el fichero neuronal de mi primera infancia hicieron blanco todos los amenos momentos que reviví con recogimiento. En ese lugar ya no hay casi nada identificable como " la casa de los abue" pero quedan detalles, que funcionaron en mi como si fueran un tele transportador hacia la época mas querida que puede tener una persona.
Yo no veía un montón de escombros en ese lugar. yo seguía viendo como la última vez que había pisado ese lugar, el cuartito de herramientas del abuelo, echo hábilmente con láminas de chapa y forrado en su interior con gruesos cartones para que fuera un poco mas habitable circunstancialmente en los inviernos. Me veo entrando allí, un lugar pequeño, pero para mis ojos de niño mágico, y entretenerme abriendo cajones de mesas y muebles desvencijados, llenos de tuercas, tornillos, alambres, trozos de aparatos a medio reparar o que servirían para repuesto, una verdadera maravilla para mis 7, 8 años.
También, en ese patio mitad tierra mitad cemento, veía las cuidadas flores de mi abuela, el piletón de concreto que mi abuelo usaba en las noches de navidad como heladera, llenándolo de barras de hielo que el mismo iba a comprar en su eterno medio de transporte, la bicicleta. Todavía hoy queda parte del alero de chapas que hacía de galería y resguardaba la puerta de la casa de las lluvias, pero yo lo recordaba entero, me recordaba bajo su refugio en las tardes de lluvia mientras juntábamos agua caída del cielo en fuentones con mi abuela, para las plantas, porque era el mejor agua. Queda en pié el dintel de la puerta que llevaba al único dormitorio, queda parte de la mesada de la cocina, en donde mi abuela llenaba una olla con agua y me adentraba en el reino mágico que ya conté en" SERVICIO SE OFRECE".
Todos los echos y las circunstancias terminan encadenándose hacia algo que tenia que suceder. Entre las cosas personales de mi viejo estaba una foto, enmarcada en un cuadrito, de mi abuela cuando era joven. Quien sabe por cuanto tiempo dormitó ese cuadro en la oscuridad de una valija donde mi padre atesoraba todo lo que el creía importante o sentimental a lo largo de su vida. Bueno, ese cuadro lo descubrió mi jermu y como mujer respetuosa de los mayores familiares no creyó justo que siguiera ese retrato de mi abuela escondido en el olvido, así que ahora cuelga en el pasillo de mi casa, visible, solemne, y la tengo siempre presente y querida porque mi abuela era una mujer maravillosa, incapaz de enojarse o renegar aún en las situaciones más difíciles.
De ese cuadro a volver a pisar esa casa había solo un paso y lo dí. Esa tarde regresé lleno de gratos recuerdos que creía olvidados, lleno de pensamientos tranquilos que ponen un freno a la vida alocada que se lleva actualmente, siempre acelerados y corriendo para no llegar realmente a ninguna parte.
Fue grato recordar, porque el recuerdo hizo que doliera menos ver el estado actual de lo que fuera la casa de mis abuelos, mi segunda casa en la niñez, porque pasaba mucho tiempo en las vacaciones de verano con ellos. Ya esos veranos no volverán, ni su tierna companía, pero el amor sigue mas allá del tiempo y las dimensiones, sus amores de abuelos y mi amor de único nieto varón nada puede derrumbarlo, como esa casa, ni llenarse de escombros.
Y como por tanto tiempo esa foto estuvo ausente de ojos, como un homenaje a mi querida abuela la pongo acá, para que todos los ojos del mundo puedan admirarla, por siempre, incluso aún después de que quien escribe se haya mudado a ese barrio tan populoso que queda detrás de las estrellas...
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